Iglesia de Santa Lucía

Iglesia de Santa Lucía

A pesar de que conserva reliquias de la época colonial, así como documentación histórica igualmente valiosa y de haber sido testigo de acontecimientos políticos e históricos, el valor de la iglesia como patrimonio ha sido casi invisible para los habitantes de la población.

La historia de su construcción se inicia en 1603, cuando el oidor de entonces, Diego Gómez de Mena, procedente de Santa- fé, visita el lugar y estima que allí no hay una iglesia con capacidad suficiente para adoctrinar los indígenas. La que existía era pequeña, de bahareque y techo de paja que no servía para el propósito que se buscaba.

Al año siguiente, en 1604, Gómez de Mena viendo que en la plaza se comenzaba la obra para otra iglesia, ordenó que ésta se construyera con mayores dimensiones y mejores materiales. Sin embargo, no fue inmediata la edificación de la nueva iglesia por desavenencias entre los propietarios de tierras y los constructores, más una serie de litigios de tipo legal.

De todas formas, se cree que ésta construcción fue la definitiva, sobre cuyos cimientos o lugar, existe la actual en la misma plaza del pueblo que había en 1604. Los datos más antiguos se conocen desde 1670 cuando era capilla y posteriormente en 1720, cuando comienza como parroquia, se registran los primeros bautizos.

La iglesia conserva reliquias, pasos procesionales custodiados por cofradías y alférez, encargados de su mantenimiento para así tenerlos listos para la procesión de la Semana Santa. Otra de sus reliquias es el altar mayor, verdadera joya tallada en piedra, de 4 m de largo por 1.2 de alto y 1 m de ancho, traída de la vereda de Tiquiza, y finalmente terminado de tallar en 1954, con la incorporación de un símbolo de alfa y uno de omega, o sea, en referencia al comienzo y fin del trabajo.

Adicionalmente, entre las piezas que forman parte de los invaluables tesoros de la iglesia, se encuentra un reloj mecánico elaborado con piezas, cadenas y engranajes metálicos por el relojero suizo Gaspar Bodmer en 1895. También forman parte de sus tesoros, antiguas imágenes religiosas que pueden ser identificadas y autenticadas por tener brazos móviles, ojos de vidrio y cuerpo de madera entre las cuales las más antiguas son las de San Isidro Labrador, Santa Lucía, patrona de la iglesia, y María Auxiliadora.

Cada 13 de diciembre se celebra el día de Santa Lucía, martir cristiana. Se le atribuyen milagros por su poder de sanar enfermedades de la vista. Es representada con una estatua que sostiene una bandeja con dos ojos porque, como causa de la tortura, perdió los ojos.

La iglesia es un sitio icónico que merece ser custodiado y protegido para salvaguardar su memoria porque aporta al fortalecimiento de la identidad de la población raizal.

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